ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Oh María Inmaculada, Madre y consoladora nuestra, me refugio en vuestro amabilísimo Corazón con toda la confianza de que soy capaz; vos seréis el objeto más querido de mi amor y veneración. A vos, que sois la dispensadora de los tesoros celestiales, recurriré siempre en mis penas para tener paz, en mis dudas para tener luz, en mis peligros para ser defendido, en todas mis necesidades para obtener vuestro socorro. Sed, pues, mi refugio, mi fortaleza, mi consolación, oh María consoladora. Por piedad, a la hora de mi muerte, recibid los últimos suspiros de mi corazón y obtenedme un lugar en la mansión celestial, donde todos los corazones unidos alabarán eternamente el Corazón adorable de Jesús, al mismo tiempo que a vuestro Corazón siempre amable, oh María. Tierna Madre nuestra, consoladora de los afligidos, rogad por nosotros que recurrimos a vos.
Rezar a continuación la oración del día que corresponda:
Dia Primero
Por la señal...
Señor mío Jesucristo...Oración preparatoria.
Oh Corazón de María, Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad, y digno de toda la veneración y ternura de los ángeles y de los hombres; Corazón el más semejante al de Jesús, del que sois la más perfecta imagen; Corazón lleno de bondad y tan compasivo de nuestras miserias, dignaos derretir el hielo de nuestros corazones, y haced que estén enteramente encaminados hacia el del divino Salvador. Infundid en ellos el amor de vuestras virtudes, inflamadlos con aquel feliz fuego en que el vuestro arde de continuo. Guardad en vuestro Corazón a la santa Iglesia, custodiadla y sed siempre su dulce asilo y su torre inexpugnable contra todo asalto de sus enemigos. Sed nuestro camino para ir a Jesús y el canal por donde nos vengan todas las gracias necesarias para salvarnos. Sed nuestro socorro en las necesidades, nuestro alivio en las aflicciones, nuestro sostén en las tentaciones, nuestro refugio en las persecuciones, nuestra ayuda en todos los peligros, pero especialmente en los últimos combates de nuestra vida, en el momento de nuestra muerte, cuando todo el infierno se desencadene contra nosotros para arrebatar nuestras almas, en aquel terrible momento, en aquel formidable instante del que depende nuestra eternidad. Ah, sí, oh Virgen piadosísima, haced que entonces sintamos la ternura de vuestro maternal Corazón y la fuerza de vuestro valimiento para con Jesús abriéndonos en la fuente misma de la misericordia un seguro refugio, para que podamos llegar a bendecirle con vos en el paraíso por los siglos de los siglos. Así sea.
Para más obligar a la Stma. Virgen, récense tres Avemarías con la siguiente jaculatoria: ¡Nuestra Señora de las Lágrimas, rogad por nosotros!. Terminar con la oración final.
Dia Segundo
Dia Tercero
Virgen bendita, Madre de Dios, desde el Cielo, donde estáis sentada, como Reina, volved benigna vuestra mirada hacia este miserable pecador, vuestro siervo; quien, aunque penetrado de su indignidad, os bendice y ensalza desde lo íntimo de su corazón, como a la más pura, la más bella y la más santa de todas las criaturas, en reparación de las ofensas que os hacen las lenguas impías y blasfemas; bendice vuestro nombre, bendice vuestras sublimes prerrogativas de verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, de corredentora del género humano; bendice al Eterno Padre que os escogió de un modo particular por Hija; bendice al Verbo encarnado que, vistiéndose de la humana naturaleza en vuestro purísimo seno, os hizo Madre; bendice al Espíritu divino que os quiso por esposa suya; bendice y ensalza a la augusta Trinidad que os escogió y amó con tanta predilección, que os exaltó sobre todas las criaturas a la más sublime alteza.
¡Oh Virgen santa y misericordiosa! Alcanzad el arrepentimiento a los que os ofenden, y dignaos aceptar este pequeño obsequio de vuestro siervo, obteniéndome de vuestro divino Hijo el perdón de mis propios pecados. Así sea.
oración final.
Para más obligar a la Stma. Virgen, récense tres Avemarías con la siguiente jaculatoria: ¡Nuestra Señora de las Lágrimas, rogad por nosotros!. Terminar con la
Dia Cuarto
¡Oh Virgen Santísima y Reina de los Mártires, María, quién me diera estar en el Cielo para contemplar los honores que recibís de la Trinidad beatísima y de toda la Corte celestial! Pero como todavía voy peregrinando por este valle de lágrimas, dignaos aceptar también en mí, pecador e indigno siervo vuestro, el homenaje más sincero y el acto más perfecto de sumisión que puede ofreceros una humana criatura. A vuestro Corazón, traspasado con tantas espadas de dolor, confío desde hoy para siempre mi pobre alma. Asociadme a vuestros dolores y no permitáis que huya jamás de la Cruz en la que murió por mi salvación vuestro unigénito Hijo. Con vos, oh María sufriré todas las tribulaciones, contradicciones y enfermedades que agrade a vuestro divino Hijo enviarme en esta vida. Todo lo ofrezco a Dios en memoria de los dolores que sufristeis durante vuestra vida mortal, de modo que cada pensamiento de mi mente, cada latido de mi corazón, sean de aquí en adelante un acto de compasión de vuestros dolores y de complacencia por la gloria que gozáis ahora en el Cielo. Sí, amada Madre, como yo me compadezco ahora de vos y me gozo de veros tan glorificada, tened vos compasión de mí reconciliándome con vuestro Hijo Jesús, a fin de que torne a ser vuestro fiel y verdadero hijo. Cuando llegue el fin de mi vida, venid a asistirme en mi agonía, como asististeis a la de vuestro divino Hijo, para que, al salir de este penoso destierro, pueda ir a participar de vuestra gloria en el Paraíso. Así sea.
Para más obligar a la Stma. Virgen, récense tres Avemarías con la siguiente jaculatoria: ¡Nuestra Señora de las Lágrimas, rogad por nosotros!. Terminar con la oración final.
Dia Quinto
Oh excelentísima, gloriosísima y santísima María, siempre Virgen inmaculada, Madre de nuestro Señor Jesucristo, reina del mundo y señora de todas las criaturas, que a nadie abandonas, a nadie desprecias, a nadie que a ti recurra con un corazón puro y humilde despachas desolado, no me deseches a mí por mis innumerables y gravísimos pecados, no me abandones por mis excesivas iniquidades, ni tampoco por la dureza e inmundicia de mi corazón: no apartes a este tu siervo de tu gracia y de tu amor. Escucha a este miserable pecador que confía en tu piedad y misericordia; socórreme, oh piadosísima Virgen María, en todas mis tribulaciones, angustias y necesidades, y alcánzame de tu amado Hijo, Dios omnipotente y Señor nuestro Jesucristo, el perdón y remisión de todos mis pecados y la gracia de tu temor y amor, juntamente con la salud y castidad del cuerpo y la inmunidad de todos los males y peligros de alma y cuerpo. En mi postrer momento sé mi piadoso auxilio, y libra mi alma y las almas de mis padres, hermanos, hermanas y amigos, consanguíneos y bienhechores y de todos los fieles vivos y difuntos de las eternas tinieblas y de todo mal, por Aquél a quien llevaste nueve meses en tu sacratísimo seno y con tus santas manos reclinaste en un pesebre, nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que sea bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Para más obligar a la Stma. Virgen, récense tres Avemarías con la siguiente jaculatoria: ¡Nuestra Señora de las Lágrimas, rogad por nosotros!. Terminar con la oración final